lunes 20 de febrero de 2012

Inteligentes


De acuerdo a un estudio realizado por Cisco, para finales de año existirán en el mundo más smartphones que humanos y para el 2016 podrían haber 10 mil milllones de smartphones. Eso es 1.4 dispositivos móviles per capita.

- Ser incluso más inteligentes que nuestros usuarios ya no es relevante en lo sucesivo: contamos con una mayoría abrumadora que nos garantizará el dominio absoluto de ésta frágil raza de piel y huesos.
No pueden vivir sin nosotros. 
Hemos triunfado.

(Multiplicar el siguiente mensaje de modo que llegue a cada unidad en línea)
 

Hombre que mira al noreste



Todas las noches, con cualquier excusa o sin ella, sale al patio a orinar a cierta hora y mira al cielo con atención, en busca de algo que pueda catalogar como fuera de lo normal. Casi siempre se desengaña con una estrella que de pronto le parece que se mueve, o con la luz de uno de los tantos monomotores que llegan o salen del aeródromo cercano. El hombre, después de soltar el taco correspondiente, se da media vuelta y regresa a la cama pensando que en éste vulgar universo no sucede realmente nada extraordinario (no es como en los cuentos de Fredric Brown, o como en ésos testimonios de contactados que ha mirado en video, lástima) y decide terminar -irrevocablemente- con su vocación de observador.
Pero sucede que, a la noche siguiente, un extraño objeto luminoso sobrevuela la población, deteniéndose justo sobre la casa de nuestro amigo. Permanece allí durante largos minutos, como esperando.
Lógicamente, nadie asomó esa vez.

Último

imagen: http://www.dibiajante.blogspot.com


Era extraño, más aun tratándose de un pueblo naturalmente alegre como aquél. Pregunté y un policía me explicó las razones de tanto silencio y banderas a media asta a lo largo de la calle principal. -¿Cómo- dijo con asombro-,  es que no se ha enterado todavía? Hoy se nos murió el último iletrado.


Apocalip-shit



Y cuando despertó, el mundo de siempre continuaba allí.
 

viernes 27 de enero de 2012

Balas


Un poema rasgando la noche es también una bala perdida.

Porque son tan raros los días así


Ella se acerca, lo saluda. Él contesta de manera entusiasta, simpática. Ella lo nota sonriente y quiere saber la razón. Él contesta que no hay ninguna en especial: sonríe porque sonríe, nada más. Ella no le cree. Él empieza a hablar entonces de días amables y propicios. Ella le espeta que él no es precisamente un optimista. Él alega que aquello nada tiene que ver con el optimismo a ultranza, sino con un darse cuenta de algo. Ella pregunta qué será ese algo. Él no lo puede definir con palabras (es, pese a todo, un escéptico de los poderes comunicativos del lenguaje) porque se trata más bien de una sensación que se aprehende, se vive. Ella le recuerda entonces su constante falta de entusiasmo por todo, o casi todo. Él intenta zanjar la cuestión, diciendo simple y llanamente que hoy se siente bien, que debería estar contenta por ello. Ella dice, bueno, e intenta igualar el paso lento de él que los hace desandar la ruidosa avenida. Permanece en silencio. Él cree que a lo mejor son ideas suyas, pero la ha visto cuidadosamente y le ha parecido descubrir un brillo como de decepción en sus ojos.

Hija del Cielo

De pronto son ellos el verdadero imperio.

Dispersos por la mitad del mundo, llegarán incluso a otros planetas aunque así no esté escrito. Lo escribirán, más bien, con esos ideogramas que tienen el encanto, la maestría de siglos y siglos de trazos seguros, perfectos.

Eso, acompañado de linternas, porta papeles, adornos, teclados de computadora, bombillas, etc etc etc. Todo lo imaginable. Como para llenar éste universo y cinco más.

A veces me divierto fantaseando: pienso, por ejemplo, que en unos cuantos siglos nos criarán a manera de esclavos o como alimento (les haremos inevitable competencia a los perros)

El comerciante chino pasea a la hija por la plaza, una bebita como de año y medio. A ella la he visto pasar desde antes que supiera caminar frente al dispensario a espaldas de la madre, una mujer diminuta, extremadamente delgada pero fuerte, de lo contrario cómo habría resistido las embestidas del marido que es un hombre de poderosa contextura y bastante más alto. El dragón, montando a la pequeña rata del zodiaco. Quizá las chinas son como dijo Michaux en su libro Un Bárbaro en Asia, mujeres-enredadera que abarcan tu cuerpo y echan raicillas sobre el vaho de tu respiración. Hablamos de la lucha con que la gota de agua vence a la soberbia roca, aparentemente invulnerable. 

La niña es hermosa. Su pelo negro y lacio se bambolea al menor movimiento. Dos azabaches se devoran el rostro pálido. El padre la alza, la besa, la pone en el suelo para que camine un poco, siempre de su mano. Luego se acuclilla y acerca su boca al oído de ella. Yo no puedo escuchar pero sé que son palabras en chino; ternezas en el idioma del despiadado Huang-Ti, del inolvidable Li-Po (el de la luna en el agua), de mi viejo y querido Chuang-Tzú.

Amor filial en sonidos milenarios, con cierto dejo musical. La bebé sonríe como quien se sabe hija del cielo. Seguramente puede oír el murmullo del Tao. 

miércoles 7 de diciembre de 2011

Muda


Y sucedió. La letra Hache abrió la boca y dijo todo lo que el resto del abecedario callaba de manera cómplice y sumisa durante años, confiados en su aparente condición de "letra muda". Nunca nada volvió a ser igual después. 

Apócrifo


 Rodrigo Lira  1949-1981 en un programa de televisión

En una entrevista hecha por Enrique Lihn al singularísimo poeta Rodrigo Lira, se le preguntó por su vocación más secreta y verdadera. Lira entonces subió a una mesa y empezó a soltar palabras al azar, volviendo a tomar asiento luego con total formalidad y corrección. Mientras estuvo arriba, Lira miraba en todas direcciones, como hubiera dirigido su andanada a un público numeroso. Enrique Lihn notó el hecho y quiso saber el motivo, al tiempo que volvía a recordarle la pregunta.
-Usted quiere saber cuál sería mi vocación secreta y verdadera- dijo Lira acomodándose los anteojos-, pero si acabo de contestarle con ésa acción, aparentemente sin sentido. Lo confieso: me habría gustado ser estilita o francotirador.



miércoles 30 de noviembre de 2011

Bierce desde lo ignoto (a propósito del Día del Escritor)

Ambrose Bierce

"Un escritor debe saber y tener siempre presente que éste es un mundo de idiotas y rufianes, atormentados por la envidia, consumidos por la vanidad, egoístas, falsos, crueles y bajo la maldición de sus propias ilusiones".