
-Tarzán pagó la enorme fidelidad de Cheeta, vendiéndola a uno de ésos circos ambulantes que maltratan animales y que cuando envejecen, los sacrifican echádolos a la jaula de los leones.
- Una completa bestialidad por donde se mire.
- Bah, déjese de sensiblerías. Dígame, ¿de qué le serviría un animal enfermo, viejo, piojoso?
- Cuidarlo con amor y cariño hasta su último suspiro.
- Pues yo soy de los que se decantan por los telones rápidos y provechosos. Y, de paso, alimentamos convenientemente a la fiera protagonista de uno de mis números más populares.
- ¡Ese Tarzán no tenía corazón!
- Sí que lo tenía. Y por tenerlo precisamente, es que se vio oligado a tomar una decisión tan dramática.
- La verdad, no me convencen sus argumentos.
- ¿Ah, no lo convence la mal nutrición, las infecciones en la piel, el cólera y la malaria que el pobre hombre soportaba en la selva?
- ¡Se deshizo de su compañera inseparable!
- Tener que vivir a la intemperie sin estar biológicamente preparado. Piénselo por un segundo.
- Pues, ésa desnudez lo convirtió en héroe. El buen salvaje, valeroso, con conciencia ecológica.
- Sí, cómo no... y las vacas vuelan, también. Mire, con los centavitos logrados en la transacció, Tarzán pudo comprar ropa y dio pasos agigantados en la dirección deseada. Quería ser estrella de cine.
- ¿A lo Jhonny Weissmüller?
- Yo diría más bien como Christopher Lambert, por lo feo.
- En fin. Aparte de desleal, narcicista el tipo.
- Piense lo que quiera. Porque no le he dicho que su sufrida Cheeta, su abandonada Cheeta, logró comprar su libertad a los dueños del circo, e incursionar en la televisión. Hizo dinero... el suficiente como para volver al África Central por la puerta grande.
- Y en plan filantrópico, me imagino.
- Bueno... si el organizar milicias rebeldes y contrabandear con diamantes y demás minerales, es ayudar al país...
- Bah... usted y su perverso punto de vista político, económico; incluso dejando transparentar un racismo descarado. ¿No le da verguenza?
- Más racista su señora madre. Y verguenza debió darle a la mona ésa, pescando en río revuelto. Aprovechando como cualquier oportunista, la pobreza de una nación.
- Ah... humana codicia. O que diga, simiesca codicia.
- Al caso es lo mismo. ¿Otro roncito, míster?
- Por qué no. Y dígame, ¿qué pasó con Tarzán?
- Ése también regresó al terruño, como abanderado de una ONG para combatir el hambre y la explotación minera. Dicen las malas lenguas que se internó en la selva, vestido de pies a cabeza con Louis Vuitton. Cayó en un pantano y fue rescatado por una patrulla rebelde. Que lo torturaron y desmembraron. Cheeta hasta se mandó a hacer una sombrilla con su piel.
- ¡Válgame! Fin de mundo.

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