ROBIN HOOD EN TROPICALIALe pagarían lo que pidiera. Bonificaciones jugosas, abultados estipendios por cada vez que abriera la boca; tan sólo debía aceptar y subir al avión que lo esperaba. Porque su fama lo precedía: la del gallardo héroe de Sherwood que robaba a los ricos para dar a los pobres. Robar... ya no era necesario sostener por más tiempo semejante farsa, ahora podía quitarle a los pobres y regalárselo a sí mismo. Cero explicaciones a nadie en lo adelante. Aquel continente lo perdonada u olvidaba todo, gracias al realista y mágico influjo de lo "prescrito". Entonces, ¿firmaría como asesor del demagogo de turno, que solicitaba sus buenos oficios con urgencia? Tendría que decidirse pronto, míster.
DULZURA
Mi vida, mi cielo, cariño, corazón... la almibarada sarta de apelativos iba a la par con la filosa cuchilla, abriendo el cuello de la otra hasta que dejó de sacudirse. Podía decirse que era un penal violento, como todos los de Tropicalia, salvo por el detalle de la dulzura. La dulzura constituía un verdadero patrimonio nacional. Saltárselo, para cualquiera de las reclusas, habría sido una falta imperdonable.
SIN COMENTARIOS
En la noche más glamorosa del año, la bella y estilizada miss se dispone a ganar puntos con el jurado y público presente, sorteando para ello la decisiva ronda de preguntas. Oímos decir al presentador, " y dinos, miss Tropicalia, ¿qué resultaría más difícil para tí: el pedir permiso, o el pedir perdón?" Seguramente hay mucho ruido ambiente (¿o será que le cuesta entender el idioma?) porque vemos a la meliflua señorita en franco desconcierto, balbuceante, soltando una y otra vez con la carita sonrojada: " Ay... pues... no sé... ¿Pedir permiso? ¿Perdón? ¿Será que me repite la pregunta?"

Los 3 están buenos, pero Sin comentarios es arrecho jajajajaja diablo ahora sí, como dice la Carmen de Valle Verde, te van a echar a pedradas del pueblo , loco
Saludos